Sobre la tecnología y la técnica

Nicolás Díaz Giraldo
Nicolás Díaz Giraldo

Nuestro compañero Nicolás nos dice:

Con todo lo que he aprendido sobre la tecnología y la técnica, sus implicaciones, sus defensores y detractores, veo una cuestión de hecho inevitable, y que en cuanto tal, hace parte de nuestro mundo, de la manera en que lo vemos y vivimos, así como de la manera en que lo valoramos. Y de algún modo es imposible (así al menos me lo parece), no tomar posición existencial respecto de este fenómeno que de manera creciente se instala en nuestras vidas. Y es que es demasiado humano considerar siempre lo que acaece como algo bueno o malo, útil o perjudicial, atrayente o temible, y así sucesivamente, quizá hasta el infinito.

Cada vez que leo algo en internet o veo un video allí mismo, siempre encuentro posiciones encontradas respecto a estos temas, y de la misma manera en que para bien tienen razón estando en posiciones opuestas, también no la tienen, lo cual es harto complejo, y a veces incluso confuso, pero creo firmemente que es esto siempre deseable.

De alguna manera, la tecnología es lo mejor que nos puede pasar…pero a la vez, quizá también lo peor. Y aunque no puedo afirmar esto como si tuviera la autoridad para hacerlo (de hecho no lo afirmo como si creyera que he dicho una gran verdad al respecto), me parece que es cierto en el sentido de que así como puede hacer un gran bien, puede hacer un gran mal; y esto en el sentido de la libertad y la responsabilidad, lo cual es lo que hace que se inserte dentro de nuestro mundo, el mundo humano, en donde las cosas no son simplemente algo que nos es ajeno, pues incluso cuando algo nos es indiferente, significa que hemos tomado una postura, más o menos consciente según el caso, al respecto.

Así, todo lo que implica la tecnología social, personal, ambiental, culturamente, etc., debe ser articulado de tal manera que cada vez más la tensión entre lo buena que puede ser y su contrario, tensión cada vez mayor, sea para bien de los seres humanos, no de unos pocos ojalá, sino de más cada vez. Pero esto no es sólo cuestión de accesibilidad, que no es suficiente. La cosa es que estoy seguro que muchos que no tienen siquiera ciertas condiciones que son fundamentales para la supervivencia, poseen otros artículos que son estrictamente lujosos, dispositivos tecnológicos de alto costo, pero que no representan para ellos más que un bienestar de tipo superficial. Con esto me refiero al tipo de bienestar que, por analogía, llevo a Herón de Alejandría a hacer máquinas de vapor, pero que no significaban un cambio y mejoramiento de su entorno.

En este sentido, si la tecnología es buena, no creo que por sí misma (eso del “sí mismo” por demás, suena suficientemente dogmático como para nunca tomarlo en serio), pero si en cuanto hace de la vida del que dispone de ella, algo más bello, mejor, y no solo más agradable biológicamente. Y así, pues, es que creo que puede ser algo malo, y sólo en este sentido (quizá haya más sentidos, pero solo alcanzo a vislumbrar este, que además es el que me preocupa).

Esperaría que se tome esta consideración, de nuevo, más como una especie de pregunta y de reflexión que como una postura definitiva. Y ojalá pueda servirles como reflexión a ustedes, así sea para estar en completo desacuerdo

 

 

 

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4 comentarios en “Sobre la tecnología y la técnica

  1. A propósito de esta columna, y con el permiso que su autor nos concede, quisiera compartir algunas ideas:

    1. Percibo en este texto una posición clásica de la doctrina católica, que no siempre nos trae buen provecho. No es osado hacer la presente relación si consideramos que Occidente está fuertemente influenciado por el catolicismo. Dicha posición está relacionada con el tema de la gracia, sintéticamente puesta en estos términos: es imposible pensar que el hombre pueda ser bueno en sí mismo, porque siendo contingente, precisa de la gratuidad de un ser superior para llegar a ser bueno (cuestionable).

    Hagamos aterrizar este asunto en el planteamiento del escritor: el hombre, como diosecillo, tiene en sus manos la determinación de hacer que sus instrumentos sean buenos solo en cuanto él les haga buenos. ¡Claro que sí! Tal planteamiento aplica perfectamente en este asunto, puesto que los instrumentos no tienen voluntad como ocurre con los seres humanos (independientemente de que algunos no lo noten o sus condiciones externas no les permitan ejercerla).

    Este preámbulo, aunque extensamente innecesario, me sirve para señalar que no hay razón suficiente para debatir sobre los grados de bondad de la técnica y la tecnología. Si es preciso, abramos el debate sobre los usos, sobre las comprensiones, sobre los fines que el hombre imprime a sus creaciones, no sobre ellas.

    2. Espero no equivocarme pero leo cierto rechazo a la bondad del placer. Es decir, si el uso que damos a la técnica y a la tecnología, nos produce placer, aunque tengamos menor capacidad de acceso a ella, ¿no puede calificarse como bueno dicho uso?

    De otra parte, aquellas tecnologías que producen placer, ¿no tienen la capacidad de modificar el entorno? Puede sonar burda mi acotación pero, ¿han escuchado que muchos asocian los grandes números de hijos en una familia con la carencia de acceso a la televisión? Es verdad, el placer también nos lleva a modificarnos y obliga a la tecnología a crear y recrear instrumentos.

    Tal como lo reconoce Savater, si no fuera por la búsqueda de un placer que inicialmente parecía superficial: caminar menos, limpiar menos, leer más; no existirían aún: la rueda, la lavadora, el libro que remplazó a los gigantes códices. En fin, hasta el placer (superficial) que brinda la tecnología modifica el entorno, en cuanto hace que el hombre se enfrente de forma diversa a él.

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  2. De acuerdo Domenique, me parece una consideración acertada sobre lo que he dicho, y me parece bastante interesante la proposición final del primer punto, no obstante, la tensión y de algún modo duda que trato de mostrar está quizá más relacionada con una preocupación por la superioridad, y es que que ni siquiera toda la tecnología nos podría procurar esto por sí sola: se puede tomar esto en el sentido de que la superioridad está en la decisión y lucha por ser superior, independientemente de los medios, pero que nunca es ajena a los medios. Ahora, a que el placer sea bueno o no, me parece aplicable la máxima hedonista, aquella que dice que el placer que puede causar un mal inmediato es preferible evitarlo y en función de un mayor placer futuro. De algún modo ese rechazo del placer (que sí lo rechazo en ese sentido) no es por el placer sino por sus circunstancias.

    Ahora Pilar, yo creería que el placer es superficial por la manera en que se comprende el uso de esa palabra dentro de un contexto lingüístico. Y si es superficial en ese sentido peyorativo que se le suele asociar, significa que no es algo valioso. No obstante, no creo que sea necesariamente cierto que el placer sea siempre superficial, habría que ver las circunstancias.

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