Historias de Pulgares: Montaigne, Perrault, Serres

Contamos oponiendo nuestros pulgares a los demás dedos de la mano: 1, 2, 3, 4 y el pulgar se alza por sí mismo, 5. El pulgar, no sólo en nuestro tiempo con la emergencia de una cultura digital, ha jugado un papel importante en la comunicación, mucho antes del pollice verso de los romanos-representado en la obra de Gerome, 1872, o en el Almuerzo de campesinos de Velázquez, 1619 -, la elevación, depresión o giro del pulgar, su entrelazamiento con los demás dedos o en un apretón de manos, ya era signo claro de aprobación o desaprobación de alguna conducta. La aparición del pulgar dentro del lenguaje cinético radica en una caracterización bélica, como destaca Montaigne y como parece ser todo en un comienzo, pero, también sexual y artesanal, aún cuando no tengamos noticia amplia, su uso en la escritura y los oficios complementó el grado de significación que adquirió en los siglos venideros: alegría, desagrado, excitación, firmeza o fuerza. En los usos artesanales más antiguos está el importante paso en la evolución biológica y cultural de la fabricación de herramientas por presión de materiales lo cual permitió la aparición de formas y materiales nuevos en el arte y la industria humana. La oposición del pulgar a la mano, a la simple prensión, elevó el carácter de la habilidad manual, permitió una trascendencia de la fabricación, uso y preparación de instrumentos y herramientas, con ello, la maduración del tacto fino y la creación de toda una modalidad sensorial y motriz en nuestro cerebro. La evolución del pulgar bien podría indicar una particular historia del desarrollo evolutivo de nuestro cerebro y del sistema nervioso en los últimos miles de años; una historia semejante merece ser iniciada, o mejor continuada, si es que Montaigne y Perrault ya la empezaron hace cuatro siglos, el primero con un breve ensayo, el segundo con un famoso cuento.

Velazquez-pulgarContinuar leyendo el artículo en el siguiente enlace: Los Pulgares

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Un comentario en “Historias de Pulgares: Montaigne, Perrault, Serres

  1. César:

    Hola, saludos. ¡¡Super!! Me parece que lo que dices en el punto 6 sobre la memoria, la imaginación y la razón -que es totalmente cierto- da al traste y echa por tierra los inveterados prejuicios filosóficos, primero, de la excelsitud de estas tres facultades; segundo, de su perfección en lo humano y, tercero, del prejuicio contemporáneo, también filosófico aunque de larga herencia griega, de que los aparatos técnicos, en particular, y la tecnología en general, son peligrosos y entrañan un engaño y envilecimiento del ser humano. Lo cierto es que gracias a la tecnología somos más humanos, pero “demasiado humanos”. Saludos,

    Pacho.

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